
Drenis odia sus manos. Le tiemblan, por más que intente evitarlo. Debería estar comiendo, como los otros, ocultando sus pensamientos e intenciones, comportándose con normalidad. Están sencillamente hablando, él, Gaidres y Espartaco, sus compañeros. En torno a ellos, los otros gladiadores comen y charlan, bromean, se insultan. Es la hora de la cena, igual que cualquier otro día en el ludus, la escuela de gladiadores de Gneo Cornelio Léntulo Batiato. Pero este no es un día cualquiera. Este es el día en que recibirán los votos de otros hombres, cuando jurarán que harán lo que llevan tanto tiempo susurrando que harían, el día en que los sueños se escribirán con sangre, con los dioses invocados como testigos….
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La Rebelion – Durham_ David Anthony














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